Cimática y Terapia de Sonido

La palabra Cimatica, deriva del griego Kuma u onda, y sirve para describir los efectos periódicos que tienen el sonido y la vibración de la materia. O sea la Cimática es el estudio de los fenómenos de ondas y vibraciones, es una metodología científica que demuestra la naturaleza vibratoria de la materia y la naturaleza de transformación del sonido.

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En la actualidad muchas personas pasan desapercibidas ante la importancia que tiene el sonido en sus vidas. Las ondas sonoras generan un gran impacto dentro de sus conciencias, la mayoría de las personas desconoce las razones de como el sonido altera su estado mental y emocional con simples frecuencias y ritmos. De la misma manera no se toma en cuenta como la presencia del ruido y la contaminación sonora a gran nivel puede llegar a afectar los distintos procesos del cerebro y la actividad sensorial.

Han salido a la luz nuevas ciencias que comprueban estos hechos, como por ejemplo la Cimática, ciencia que estudia el movimiento y comportamiento del sonido a un nivel físico. Exponiendo que el sonido puede influir en el estado de un cuerpo solidó y que es posible alterar su forma con simples variaciones.

La ciencia de la cimática demuestra de forma visual el modo en que el sonido configura la materia. La cimática consiste en el estudio del fenómeno de las ondas, y fue “descubierto” en la década de los 60 por el científico suizo, Dr. Hans Jenny. Sus experimentos demostraron que, si se colocan polvos finos, arena o virutas de acero sobre una lámina de metal y se les aplica una vibración de ondas acústicas, dichas partículas se organizaban formando patrones concretos. Las diferentes sustancias se concentran en los senos o depresiones de las ondas acústicas, destacando de ese modo el lugar donde el sonido es más denso. Estos sorprendentes patrones, también conocidos como figuras Chalynadi, configuran, en el caso de los sonidos armoniosos, mandalas geométricos simétricos. En algunos casos no son simétricos, sin embargo resulta fascinante su contemplación. tc11b3a_8800645088_a2d3acf008_b

El científico suizo doctor Hans Jenny pasó diez años de su vida observando y fotografiando los efectos del sonido en la materia inorgánica. Solía poner agua y otros líquidos, plásticos, engrudo y polvo sobre platos de acero a los que hacía vibrar con frecuencias distintas. Gran parte de este trabajo estaba inspirado en el de Ernst Chadldni, un científico del siglo XVIII que ponía granos de arena sobre un vidrio y los hacía vibrar con un arco de violín. La arena adquiría así las formas más hermosas y simétricas. Los experimentos de Jeny han permitido que la comprensión de la relación entre sonido y forma diera un salto cuántico hacia delante. Entre los cientos de fotografías que tanto él como su equipo tomaron hay algunas que parecen estrellas de mar, órganos humanos, bacterias microscópicas y vida subacuática.

Cuando se hace vibrar una superficie (de vidrio, metal o la superficie del agua) estas vibraciones se difunden en todas direcciones con la misma intensidad. Debido a que todas ellas se producen de la misma forma, estas ondas son iguales en cualquier dirección en que se esparcen.

Cuando una o más de estas ondas sonoras idénticas se encuentran, se anulan unas a otras. El lugar donde coinciden se llama punto de encuentro. La arena que yace en la lámina que vibra se sacude con las vibraciones. Se acumula en las zonas que no vibran (los puntos de encuentro) y de esta forma aparece el dibujo en líneas. Así se descubrió la forma tridimensional del sonido.

slide0018Lo cierto es que nuestra ciencia moderna occidental es la que aporta las evidencias más convincentes en lo referente al poder del sonido sobre la configuración y transformación de la materia; lo que constituye el fundamento de su capacidad curativa. Sabemos con toda certeza, como también lo sabían los antiguos, que todo el universo está formado por átomos. Cada átomo está formado por un núcleo (neutrones y protones) y un electrón o electrones que giran a gran velocidad alrededor del núcleo. El número de cada una de estas partículas difiere según la naturaleza de la materia. El movimiento de giro de los electrones origina un compás o cadencia que crea una onda; onda que es posible distinguir mediante nuestra percepción humana como forma o materia. Siempre que coexisten cadencia, onda y forma, se produce Sonido. Este conjunto recibe el nombre de la “Ley de los tres”. No es difícil relacionarlo con otros conjuntos o tríos como el de la “Santísima Trinidad”, así como otros grupos de tres divinidades o aspectos que también se da en otras religiones y culturas.

Si comparamos la distancia de los electrones al núcleo de cualquier átomo, descubriremos que resulta proporcional a la de la Tierra al Sol (de aproximadamente 160 millones de Km). En otros términos, lo que nuestros sentidos humanos perciben como materia, no es otra cosa que un conjunto de campos electromagnéticos resonantes, estrechamente vinculados e interpenetrados: en resumen una manifestación densa de SONIDO (con mucho espacio intercalado). Toda la materia es sonido y emite sonido, aunque dichos sonidos se encuentren, en su mayoría, fuera de nuestro limitado sentido físico de la audición. Nuestros cuerpo físicos, por consiguiente, son también campos electromagnéticos resonantes, como también lo son nuestras auras, ambos generados por los átomos que nos configuran.

Nosotros estamos vibrando constantemente. Cada molécula, célula, tejido, órgano, glándula, hueso y fluido de nuestros cuerpos tiene su propio índice (coeficiente) de vibración. Lo mismo ocurre con cada chakra y cada estrato de campo electromagnético, o aura. Estos puntos y campos de energía son de igual importancia para el cuerpo físico, aunque menos densos. En cierto sentido reflejan el estado del cuerpo físico aunque, lo que es más importante, el cuerpo físico refleja el estado del aura. La ciencia de la cimática prueba más allá de toda duda, que cualquier sonido cercano al organismo humano originará un cambio físico en el interior del organismo y sus campos electromagnéticos. Este cambio puede que solamente sea temporal, pero mientras perdura es posible que provoque ciertos factores muy poderosos y mágicos. Este es el momento de la sanación.

Somos influenciados a diario por acciones y atracciones magnéticas de las frecuencias que rodean nuestra vida y hábitat. Dichas frecuencias influencian nuestro estado emocional, nuestra salud. Cuando nuestra frecuencia vibracional es suprimida o invadida por toxinas y otros factores externos, nuestro cuerpo se debilita, la mente se estanca o se agita promoviendo el stress y la desconexión con el espíritu, provocando un estado de vacío.

La física cuántica demostró que somos seres bioeléctricos, con corrientes eléctricas corriendo dentro de nuestras células, nervios y músculos. Nuestro potencial bioléctrico es generado por diferentes procesos biológicos y es utilizado por nuestras células para gobernar el metabolismo, los impulsos dentro del sistema nervioso central y las funciones cerebrales.
La vibración sonora genera una oscilación en las moléculas del aire, que vibra, resuena y transmite la vibración a las moléculas contiguas y así se va propagando a una velocidad que depende del elemento con el que se encuentre. En el caso de propagarse por el agua, la velocidad del sonido es cinco veces mayor que por el aire. Dado que el 70% de nuestro cuerpo está formado por agua, resulta evidente que nuestro organismo es un medio adecuado para la transmisión del sonido. Cuando un objeto empieza a vibrar por la influencia de otro, decimos que han entrado en resonancia. Este principio de resonancia es el pilar fundamental de la terapia del sonido.
El campo de la sanación a través del sonido incluye un amplio espectro de técnicas y terapias que van desde el uso de  instrumentos acústicos y voz a complejas tecnologías. El sonido está siendo en la actualidad usado tanto en el caso de una sencilla relajación, o para reducir el estrés, mejorar trastornos del sueño, o el estado de alerta y la claridad, el aprendizaje, también para mejorar el sistema inmunológico, la reducción del dolor, como transformación personal, o de autoconciencia, y como no la conexión al espíritu.

Una vibración podemos “sentirla” físicamente aunque no seamos capaces de percibirla por el oído. A través del tacto, es posible reconocer determinadas vibraciones fuera o dentro de la gama audible. El sonido también lo podemos percibir a través de las vibraciones de los huesos del cráneo. Dado que el oído interno se encuentra inserto en la cavidad del hueso temporal, las vibraciones del cráneo mueven los cilios de las células nerviosas del órgano de Corti, estimulando así el nervio auditivo, que transmite la información a la corteza cerebral. Nuestro organismo es una gran “caja sensible” a la vibración. Un estímulo sonoro o musical se percibe simultáneamente.

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